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Corrección de textos

Has puesto el corazón en tu historia. Yo cuidaré sus palabras.

Hay algo muy especial en terminar un manuscrito.

Después de tantas horas delante de una página en blanco, de personajes que aparecen casi sin avisar, de tachones, cambios, noches de escribir y días de pensar en esa historia mientras haces cualquier otra cosa… llega un momento en el que dices: «Ya está. He terminado». O eso crees.

Porque cuando llevas tanto tiempo mirando tu propio texto, llega un momento en el que dejas de verlo. Lees lo que querías escribir, no necesariamente lo que has escrito. Y ahí puedo ayudarte.

Déjame mirar tu historia con otros ojos.

No voy a quitarle tu voz a tu libro

Esto quiero que lo tengas claro desde el principio. Tu historia es tuya. Tu manera de contarla también.

No quiero que después de una corrección mires una página y pienses: «Esto ya no parece mío». Todo lo contrario. Quiero que sigas reconociéndote en cada línea, pero que puedas leerla con la tranquilidad de saber que está cuidada. Porque corregir no es poner mi forma de escribir sobre la tuya. Es ayudarte a que la tuya brille.

«No cambio tu voz. La ayudo a sonar mejor.»

¿Qué hago con tu manuscrito?

Lo leo. Sí, parece sencillo, pero para mí es lo primero y lo más importante. Leo tu texto como lectora y lo reviso como correctora.

Voy buscando esas pequeñas cosas que pueden pasar inadvertidas cuando llevas demasiado tiempo conviviendo con las mismas páginas. Una tilde que falta. Una coma que sobra. Una palabra que se repite demasiado. Una frase que puede decirse de una manera más clara. Un párrafo que tropieza. Un diálogo que necesita respirar. Una expresión que no termina de funcionar. Una incoherencia que se nos ha escapado. Y también esas pequeñas decisiones que pueden hacer que una página suene mejor.

Porque a veces un texto no necesita grandes cambios. Necesita que alguien se siente a su lado y le diga: «Por aquí. Esto puede funcionar mejor».

Dos miradas para tu texto

Dependiendo de lo que necesite tu manuscrito, podemos trabajar desde dos perspectivas.

Corrección ortotipográfica

La limpieza necesaria para que las palabras estén donde tienen que estar. Ortografía, tildes, puntuación, erratas, mayúsculas, diálogos, signos y todos esos pequeños detalles que quizá no se ven cuando todo funciona, pero que pueden hacerse notar cuando algo falla. Es ese último paseo por el texto antes de dejarlo salir de casa.

Corrección de estilo

Aquí nos quedamos un poquito más. Miramos cómo respira tu texto. Si hay palabras que se repiten, frases que podrían ganar fuerza, párrafos que se alargan demasiado, expresiones confusas, cambios de ritmo o pequeños tropiezos que hacen que la lectura no fluya como debería. Y siempre con una pregunta en la cabeza: ¿esto ayuda a contar mejor lo que el autor quiere contar? Si la respuesta es sí, adelante. Si no, buscamos otra manera.

Porque tu manuscrito no es un texto cualquiera

Es probable que hayas vivido mucho dentro de esas páginas. Quizá hay recuerdos. Personas. Miedos. Sueños. Una parte de ti que no sabe nadie que está ahí. Por eso no recibo un manuscrito como quien recibe un montón de folios. Sé que detrás hay mucho trabajo. Y también sé que entregar tu texto para que otra persona lo revise puede dar un poco de vértigo.

«¿Y si no le gusta?» «¿Y si cambia demasiado?» «¿Y si encuentra un montón de cosas mal?»

Tranquilo. No estoy aquí para juzgar tu historia. Estoy aquí para cuidarla.

¿Y si encuentro algo que no funciona?

Te lo diré. Pero no voy a entrar en tu manuscrito con un rotulador rojo dispuesto a conquistar páginas. Prefiero conversar con el texto y contigo. Cuando algo puede mejorarse, lo señalo y, cuando es necesario, hago una propuesta.

Y si has elegido una determinada forma de escribir porque responde a una intención literaria, esa decisión merece ser respetada. Porque no todo lo diferente es un error. Y no todo lo que se sale de la norma debe corregirse. La literatura también juega, rompe, sorprende y busca caminos propios.

¿Qué puedes enviarme?

  • Novela
  • Relatos
  • Poesía
  • Microrrelatos
  • Cuentos
  • Memorias
  • Biografías
  • Ensayos
  • Artículos

Y, en general, textos que necesiten una segunda mirada.

¿No sabes exactamente qué necesitas? Mucho mejor que intentar adivinarlo es que me lo cuentes. Puedes explicarme qué has escrito, en qué punto estás y qué te preocupa de tu manuscrito. Lo vemos juntos.

Corregir es también acompañar

Hay escritores que necesitan una corrección. Otros necesitan que alguien les diga: «Por aquí tienes una historia». Otros necesitan ordenar lo que tienen. Otros necesitan saber si ha llegado el momento de dejar de tocar el manuscrito y dejarlo descansar. Y otros necesitan simplemente que alguien lea esas páginas con atención.

Por eso, si al leer tu manuscrito considero que lo que necesitas es edición, asesoramiento o una mirada más profunda sobre la obra, también te lo diré. No quiero venderte algo que no necesitas. Quiero ayudarte a que tu libro llegue lo más lejos posible.

Y ahora, cuéntame tu historia

Tu historia ya la has escrito tú. Ahora déjame ayudarte a cuidarla.

No hace falta que tengas preparado un discurso perfecto. Ni que sepas explicarme con palabras técnicas qué le pasa a tu manuscrito. Cuéntamelo como se lo contarías a alguien que disfruta de los libros: qué has escrito, cuántas páginas tiene, qué quieres hacer con él y qué necesitas. A partir de ahí, hablamos.

Porque detrás de cada libro hay alguien que un día se atrevió a escribir la primera palabra.